La primera caza

July 10, 2026 · @hoku · 0 views

Frío.

Un frío que penetra la piel como la más fiera de las bestias. Tal es el frío actual de las tierras de Coerthas.

Un frío que mataba al descuidado y al débil de igual manera, sin piedad alguna. Y sin embargo, la vida continuaba, florecía ante la adversidad…y nuevas criaturas comenzaban a aparecer en las blancas llanuras.

-”¿Estás seguro? ¿Seguro que viste un grifo?”-

-”¡Completamente seguro, señor! ¡Parecía que podía arrancarme la cabeza con ese pico enorme suyo! ¡Nunca había visto uno tan grande!”-

-”Entiendo…”-

Una figura de estatura media y otra gigantesca charlaban. El primero iba con una capa de viaje y apenas se podían distinguir un par de características que le delataban como un miqo’te, pues las orejas y la cola al descubierto eran inconfundibles.

El otro parecía un elezen, uno de los caballeros al servicio de Ishgard, ya entrado en años.

-”Entiendo que los Caballeros del Templo pagaran por esto como de costumbre.”-

-”Si, sabe muy bien que lord Aymeric siempre paga bien a los aventureros que nos ayuden con estas bestias. No tenemos tanta gente como para poder encargarnos de todo.”-

Una dura realidad. Los caballeros de Ishgard ya tenían demasiado las manos llenas como para poder desviar a gente para resolver problemas de bestias hostiles. Pero por suerte, gracias a la nueva dirección tomada por Ishgard, los aventureros podían colaborar con estos para ganarse la vida haciéndose cargo de estas tareas.

H’oku Karthean, oriundo de Coerthas, era uno de estos aventureros. Siempre estaba dispuesto a encargarse de estos problemas. Por varios motivos, algunos puros y otros más egoístas.

Pero era su especialidad, tenía un cierto renombre y era hora de demostrar lo que valía ese nombre.

-”Muy bien. Ya acepté el encargo, así que gracias por la información. Me pondré manos a la obra inmediatamente.”- Mencionó Hoku, un poco abstraído. Parecía incómodo ante el trato pomposo del caballero.

-”Se agradece, Sir Karthean.” - El caballero hizo una reverencia y girando sobre sus talones, procedió a marcharse.

“Sir Karthean”, pensó. Quizás en otra vida, habría sido uno más de los caballeros de Ishgard y habría servido bajo las órdenes de los legendarios héroes como Aymeric o Estinien.

Pero esta no era esa vida. Era un aventurero. Un cazador. Y tenía un trabajo.

Comenzó a rastrear el grifo. Huellas. Plumas. Posibles pistas que delatan la posición de la bestia. Cualquier pequeño dato, hasta el mismo olor del aire, era algo que pondría la balanza de su favor si sabía jugar sus cartas.

Tras un rato de rastreo a través de las llanuras heladas, al fin una pista. Un rastro de sangre y varios lobos muertos. Estaba claro que habían sido víctimas de una bestia de gran tamaño. Y las heridas, eran infringidas obviamente por un pico de enorme envergadura.

El grifo estaba cerca. Un poco más, y comenzaría la caza…o eso era lo que pensaba, porque con un estridente chillido, algo se abalanzó desde el aire en picado contra el joven cazador. Por suerte, reaccionó a tiempo y logró esquivar el impacto sin ninguna herida.

-”Casi. Pero te delató un detalle. Las huellas desaparecen en el aire. No voy a bajar la guardia contra una bestia capaz de volar.”- Dijo, arrogantemente. Sabía que la bestia no le iba a entender, pero le encantaba pavonearse un poco. Quizás era su naturaleza o algún instinto.

-”Desgraciadamente, tu caza acaba aquí. La mía, amigo plumífero, no terminará aquí.” - Sin aviso, desenfundo dos espadas, unos sables de aspecto detallado y hermosos. Pero no eran armas nativas de Coerthas.

H’oku había tenido la suerte de haber podido aprender las míticas artes de caza de un espadachín de la nación del Nuevo Mundo, Tural. Uno de los llamados “Víboras”. Blandiendo dos espadas, capaces de combinarse en una sola arma de doble filo, se enfrentaron a bestias de ensueño para defender a la gente.

Y el destino, había llamado al otrora huérfano de Coerthas a unirse a la cacería. Una aventura eterna.

Nacido del bosque de Gridania. Criado en el frío de Coerthas. Entrenado en las artes de las víboras de las fantásticas tierras de Tural.

Esta es su historia.