Llegando a la ciudad

August 8, 2026 · @teresuky_farron · 7 views

   Día 1 de mi viaje

   ‘Querido Diario:

   Me llamo Teresuky Farron. Soy oriunda de Kugane… Y estoy a punto de empezar mi propia aventura.

   Si ahora mismo a mi yo de hace siete años le hubiera dicho que estaría cumpliendo su sueño de viajar y vivir aventuras, seguramente se hubiera reído… Y luego habría gritado de la emoción al saber que es verdad.

   No me malentiendas, la vida con mis padres regentando el orfanato fue pacífica y divertida a partes iguales. Asistir a clases, estudiar con los niños y jugar como una más… No lo cambiaría por nada del mundo.

   Pero siempre supe que algo dentro de mí gritaba por algo más. Lo sentía cada noche, sentada en la cama, mirando por la ventana el horizonte… Más allá del mar, del cielo estrellado… Sentía que una parte de mí quería salir de mi hogar, coger un barco y zarpar más allá… Pero era muy joven y no podía dejar a mi familia y amigos. Sin embargo, esa sed de aventuras seguía ahí, en el centro de mi pecho, vibrando. Esperando a que llegara el momento.

   Momento que llegó cuando menos lo esperé.

   En mi vigésimo primer aniversario de mi nacimiento, mis padres me dieron el mejor regalo posible: un billete de ida en barco a las tierras de Eorzea. Quedé en shock cuando me lo dieron. Intenté rechazarlo, poniendo excusas pobres sobre ayudarles, mis amigos… Pero ellos supieron ver más allá.

   Me dijeron que no me preocupara, que tenían a muchos empleados que les ayudaban. Y que todos en el orfanato, niños incluidos, veían esa sed de aventuras. Que no la reprimiera más. Que cuando la aventura llama, hay que hacerle caso y dejar el nido.

   No lo negaré: lloré, lloré mucho. Bueno… Mi madre y yo lloramos mucho. Y nos abrazamos los tres. Y todos y cada uno de los niños, profesores y empleados que trabajan en el orfanato me abrazaron también. Creo que ese fue el día que más calidez tuve en mi corazón.

   Y aquí estoy, dos semanas después: recién llegada a Eorzea, a el Black Shroud, camino a Gridania, con un petate lleno de todo lo esencial, dinero suficiente para vivir un breve tiempo… Y un diario donde plasmar mis aventuras.

   No sé qué me deparará el futuro. Pero de una cosa estoy segura: Esta aventura acaba de comenzar…

…………………………

   - ¡Bueno, señorita! Hemos llegado-dijo Ghreg deteniendo el carruaje. Guardé rápidamente el diario mi petate, lo cerré con un rápido movimiento y levantándome, me lo eché al hombro. Al bajar, no pude reprimir un jadeo de sorpresa-. Bienvenida a Gridania.

   El verdor de la vegetación junto con los tonos cálidos de la madera de los edificios daban la ilusión de que ciudad y bosque se habían fusionado. La entrada tenía unos adornos sencillos pero elegantes, con enredaderas dándole su toque natural. Me giré hacia Ghreg.

   - Le agradezco mucho que me haya traído hasta aquí-dije mientras hacía una reverencia.

   - No ha sido nada-dijo Ghreg con un gesto de la mano. Mientras se giraba de nuevo para sacar algo del carruaje, aproveché para sacar la bolsa de dinero de mi petate. Justo cuando sacaba unas cuantas monedas, Ghreg me detuvo-. ¡Ah, ah! No hace falta que me pagues-dijo mientras me obligaba a guardar el dinero-. Algo me dice que tú necesitas más esos guiles que yo.

   - Pero…

   - No insistas, de verdad-replicó, marcando sentencia. La verdad es que sí necesitaba el dinero, por lo que volví a guardar la bolsa en mi petate.

   - Muchísimas gracias-dije, mientras volvía a colgar el petate en mi hombro.

   - Espero que tengas un lindo día-dijo Ghreg, pasando por mi lado con la mercancía-. ¡Disfruta de la ciudad!

   El hombre avanzó hacia la entrada y, como si algo le detectara, las puertas se abrieron de par en par. Solo presenciar eso me sacó una sonrisa seguido de una exclamación de sorpresa. Antes de que volvieran a cerrarse, pasé adentro de la ciudad.

   Mis pasos redujeron su velocidad a medida que me adentraba para poder seguir admirando mi alrededor. El bullicio de la gente, la fresca brisa meciendo las ramas y esparciendo los diversos aromas de los puestos de comida…

   Sin duda, Gridania bullía de vida.

   Me acerqué a un guardia que había ahí cerca, vigilando la entrada. El hombre tenía una mirada amable, a pesar de la seriedad de su rostro.

   - Disculpe-dije, llamando su atención. En cuanto me vio, la seriedad desapareció, dando paso a una educada sonrisa-, ¿Sabe cómo llegar al gremio de aventureros?

   - Sí, claro, es ese edificio de allí-dijo el caballero, girando y señalando el gran edificio enfrente nuestro-. Cuando entres, dirígete a la recepción de la izquierda y habla con Madre Mioune.

   - Muchas gracias-dije, dando una reverencia, e iniciando la marcha de nuevo. Si embargo, no di ni dos pasos antes de que el guardia me detuviera.

   - ¡Por cierto! La recepción de la derecha es la posada, por si necesitas alojamiento. Ofrecen un precio razonable por noche si eres miembro del gremio de aventureros y de alguna escuela de oficio.

   Volví a dar una reverencia, agradeciendo la información y reanudé la marcha. Sin embargo, algo en lo dicho por el guardia hizo que me detuviera de nuevo, confundida.

   “¿Escuela de oficio…?” me pregunté, confundida. “¿A qué se referirá…? ¿Será algún tipo de requisito…?” Con más dudas y preguntas que respuestas, retrocedí hacia donde estaba apostado el guardia, dando direcciones a un par de vieras hombre.

   - ¡Disculpe!-exclamé, llamando su atención una vez terminó de ayudarles-. ¿A qué se refiere con “escuela de oficio”?-pregunté, un poco dubitativa. En cuanto escuchó mi pregunta, frunció el ceño.

   - No eres de aquí, ¿Verdad?-preguntó, serio sin perder el tono amable.

   - Vengo de la isla de Hingashi-respondí con timidez.

   - ¡Vaya, de la tierra del Sol Naciente! Sí que vienes de lejos-exclamó, alzando sus cejas en un gesto de sorpresa y esbozando de nuevo su sonrisa amable. Me limité a asentir, riendo discretamente-. No te preocupes, te lo explico en un momento: En todas las capitales, aparte del gremio de aventureros, hay pequeñas escuelas o gremios donde los jóvenes pueden aprender un oficio, además de ser un requisito del gremio. Aquí en Gridania hay las escuelas de Lanceros, Conjuradores y Arqueros. En Ul’dah, capital de Thanalan, al sur, las de Taumaturgo, Gladiador y Boxeador o Pugilista. Y por último, en la isla de La Noscea, cuya capital es Limsa Lominsa, están las de Arcanista, Merodeador y he oído que hace poco los Pícaros abrieron su propia escuela, además de muchos otros oficios como el de Armero, Cocinero, Carpintero, etcétera.

   - Vaya…-murmuré, más para mí misma que para el guardia, sorprendida de escuchar tantos oficios tan diversos.

   - Si necesitas más información sobre los oficios de Gridania, las escuelas tienen panfletos donde lo explican todo con más detalle, además de un tour por sus instalaciones y una clase gratuita para ver tu destreza-al oír eso, un pequeño suspiro de alivio mezclado con emoción salió de mis labios.

   Esa información era muy útil.

   - Muchas gracias por la información-agradecí de nuevo, dando otra reverencia.

   - No hay de qué-dijo el guardia. Me giré para seguir mi camino pero, de nuevo, el hombre me detuvo-. ¡Ah, una cosa más!-exclamó-. Madre Mioune, la encargada del gremio, te pedirá que te enlaces a la aetherita de la ciudad, ese cristal grande que hay en la plaza, una vez hayas finalizado tu inscripción-dijo, señalando el enorme cristal azulado que flotaba de forma pacífica en medio de la plaza. Una vez más, di una reverencia de agradecimiento.

   - Muchas gracias.

   - De nada-dijo el guardia con una sonrisa y volviendo a su puesto-. ¡Mucha suerte, nueva aventurera!-exclamó, alzando la mano en señal de despedida.

   Volví a dar por enésima vez una reverencia y me giré para dirigirme hacia la plaza, en busca de alguna señalización que indicara dónde estaban situadas las escuelas de oficio.

…………………………

   Era noche cerrada cuando llegué al gran edificio que el guardia me indicó por la mañana, exhausta y con los miembros adoloridos.

   Al entrar, el bullicio de las conversaciones de la gente y el aroma de la comida invadió mis sentidos. Aventureros de diversas razas conversaban en sus mesas riendo, algunos discutiendo, mientras cenaban después de un largo día.

   Mientras me acercaba a la recepción de la derecha, mis ojos se desviaron hacia la izquierda… hacia la mujer hyur que atendía a los nuevos aventureros que se inscribían en el gremio. Su pelo morado brillaba bajo la luz de las lámparas. Quise ir directamente a saludarla, en vez de eso, aparté la mirada.

   Ya tendría tiempo de saludarla como es debido.

   En cuanto llegué a la recepción de la posada, el hombre elezen delante del mostrador me recibió con una sonrisa educada.

   -Buenas noches-saludé con educación, intentando de forma fallida que el cansancio de todo el día no se notara y dejando el petate en el suelo con delicadeza-. Quisiera hospedarme en una de sus habitaciones-dije mientras sacaba la bolsa de dinero.

   - Por supuesto. Un segundo por favor-dijo el hombre mientras se giraba con gracia hacia las estanterías donde guardaban las llaves de las habitaciones. Cogió una llave y me la entregó. Me fijé que en la placa había un ‘21’ grabado-. Son 100 guiles la noche-en cuanto dijo la cifra, levanté la cabeza, impactada. “¿¡Cien guiles!?” Exclamé en mi mente. Era bastante caro. En cuanto el hombre vio mi expresión, se rió levemente y se apresuró a decir-. Si se apura a inscribirse, el precio baja a 70. Yo que usted no me demoraría mucho. ¡Ah! Y el servicio de lavandería es gratuito, solo tiene que dejar la ropa que quiera lavar en la cesta que hay a los pies de la cama.

   - M-Muchas gracias por el consejo… Y la información…-musité, roja como un tomate, mientras sacaba dos monedas de 50 guiles las dejaba en el mostrador.

   - Un placer-respondió el hombre, recogiendo con gracia el dinero y lo depositaba en una bolsa. Mientras, volví a cerrar la bolsa de dinero y a guardarla en el petate-. Bienvenida a Gridania. Y espero que pase una buena noche.

   Me incliné ligeramente a modo de agradecimiento y me adentré en el pasillo mientras me acomodaba de nuevo el petate en el hombro.

   No tardé en vislumbrar la puerta con el número correspondiente, introduje la llave y la abrí. Al entrar, cerré la puerta con llave y la dejé puesta en la cerradura.

   Una vez hecho eso, me giré y me adentré un poco en la habitación, observándola con detenimiento. Era sencilla, con una decoración rústica acorde a la decoración de la ciudad. A la esquina derecha estaba la cama y en su contraparte, había dos armarios: uno sencillo de madera oscura adornada con discretos dibujos y otro más claro y (por lo que pude notar) imbuido de una especie de magia aetérica. Unas cortinas separaban la habitación del aseo. Y enfrente mío, un ventanal con preciosas vistas del bosque y un escritorio con silla a juego. Sencillo, pero funcional.

   Dejé el petate al lado de la cama, lo abrí, saqué de dentro la ropa para dormir y los útiles de baño y me dirigí a tomar una ducha relajante. Una vez cambiada y habiéndome desprendido del sudor de todo el día, deposité la ropa de viaje en la cesta que el hombre indicó. Acto seguido, cogí el diario con el lápiz y los panfletos y los deposité en la mesa, junto con la bolsa de dinero.

   Mañana me tomaré el tiempo de decidir a cuál me inscribiré. De un salto, me tumbé en la cama y estiré brazos y piernas doloridos, soltando un leve quejido. Fijé la vista al techo, mientras una sonrisa de emoción se dibujaba en mi rostro.

   “Por fin el sueño que tanto anhelé se está cumpliendo.” Pensé, girándome para bajar la intensidad de la luz de la habitación por medio de un interruptor incrustado en la pared, hasta lograr la deseada. “Mañana escribiré a papá y mamá para decirles que llegué a salvo.”

   Cuando volví a girar hacia el otro lado, acomodándome para dormir, divisé por última vez el diario. Sonreí y cerré los ojos, dejando que poco a poco el sueño se apoderara de mí.

   “Mañana será un gran día…” fue mi último pensamiento antes de que el sueño me abrazara por completo.